IMprevista,
es decir inesperada, me grita.
Y yo, sin embargo, la espero.
Desconcertante, fortuita, casual
su sobrenombre avisa
y yo me armo de paciencia
busco mi cómodo lugar en la espesura de las palabras
y pacientemente esperaré el evento,
la casualidad, el fortuito encuentro.
Una mujer que mira casi asomandose,
tal vez una mujer que no quiere mirar.
Una mujer que espera al tiempo
o que está cansada de esperar
(cuando te atrapa la nada,
pocas cosas te pueden liberar).
El vacío duele,
porque nada puede llenar
un corazón que grita y calla ¿para no molestar?
Una mujer pensativa
con destino incierto.
Una mujer en silencio
que aunque es una foto congelada, vuela;
y al hacerlo, agita fuertemente el cielo oscuro de su cabeza
su pelo ilumina la escena
y las nubes de mis pensamientos no se difuman,
permanecen igual.
Una mujer, en fin,
como una mujer cualquiera,
pero que te penetra el alma
con melancolía sincera.
Tal vez, un dolor
de relojería
que no termina de estallar.
Tal vez, una desilusión
mal de amor,
que la obliga al silencio imperfecto.
Una sonrisa contagiosa
y una rebeldía apagada.
Y no sé
qué tiene esta mujer,
y no sé porque calla esa mujer.
¿cuáles son sus por qué?
¿dónde están sus para qué?
¿sus dudas, sus temores, sus amores?
Solo se
que yo,
enredado en mi propia ternura,
confundido en mi propia locura,
atado a mi propia historia,
la quiero escuchar.
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"Mientras se nos va pasando la muerte" - ® Daniel Eduardo Alonso (2017)
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